La actual situación económica tiende a reproducir en nuestro entorno numerosas situaciones profesionales y personales que nos empujan a cundir en el desaliento y este es precisamente una de las causas de nuestra incapacidad para salir de la tesitura en la que nos encontramos.
La consecuencia de este entorno negativo es su influencia en que nos instalemos en la autocomplacencia de comparar nuestra situación con la de aquellos que tienen un peor posicionamiento y conformarnos con que nuestra estatus sea algo mejor. En el peor de los casos el desánimo nos lleva a caer en una espiral que nos puede afectar incluso en la salud.
No es cuestión de reflejar un optimismo permanente pero tampoco es necesario ser uno de los cuatro ángeles del Apocalipsis que desgraciadamente abundan hoy en nuestro entorno. La situación macroeconómica escapa de nuestras posibilidades de gestión pero no la microeconómica de la cual somos directamente responsables y para lo cual si debemos ser capaces de poder articular un plan de acción.
Lo primero es conocernos, ya sea personal o empresarialmente – es necesario entender cuales son realmente nuestras virtudes y defectos, o dicho en clave de gestión, nuestras fortalezas y debilidades para poder reforzar las primeras y minorar las segundas – para seguidamente concentrar nuestro esfuerzo en hacer ver a nuestro entorno como poder aprovechar estas fortalezas en su propio beneficio y por tanto en el nuestro, ya sea a la hora de solicitar un trabajo o de competir por la consecución de un proyecto.
Todos tenemos problemas pero, con la excepción de aquellos derivados de la salud, la solución de una parte muy importante de los mismos esta en nuestras manos, aunque también para ello debamos aprender a aceptar sacrificios, ya sea salariales, de cambio de función o de reducción de estructura en el caso empresarial y para ello como ya mencione anteriormente es necesario conocernos mejor para poder establecer el nivel de sacrificio que estamos dispuestos a asumir.
Por ello es necesario ser capaces de buscar en nuestro interior las fuerzas necesarias para seguir adelante, que pueden ser de diversa índole; nuestra familia, nuestro deseo de progresar, nuestro instinto de supervivencia,… deben ser nuestro motor, para refugiarnos en ellos como fuente de inspiración cuando caigamos en el desanimo ya que si no somos capaces de autofortalecernos y por tanto de automotivarnos difícilmente nuestro entorno será capaz de ayudarnos.
Esta capacidad no es innata; debe ejercitarse y sólo aquellos con la capacidad de desarrollarla serán capaces de sobreponerse a las dificultades que nos impone el día a día.
No es fácil, pero nuestra responsabilidad nos debe impulsar a intentarlo ya que el estar motivados no solamente nos ayuda a nosotros sino que también ayuda a nuestro entorno y facilita la consecución de las metas que nos impongamos.
Ignacio Bao
Chairman
Bao Partners / Signium International
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